sábado, 21 de septiembre de 2013

Tiramisú, Italia en tu plato

Ayer probé por primera vez a hacer tiramisú, un postre típico italiano realmente delicioso. Y me quedó bastante bien así que he decidido subir la receta que usé (sacada de un libro antiquísimo de cocina de mi madre), para que podáis probarlo los que queráis. 

Necesitaremos una batidora, dos boles, una cafetera y una fuente. Los ingredientes más o menos para 6/7 personas son 4 huevos (necesitamos solo 2 claras pero 4 yemas así que...), 100 gramos de azúcar, 400 gramos de crema de mascarpone, 20 bizcochos de lerma, 200 gramos de chocolate negro, cacao en polvo (colacao, vamos), unos 300 ml de café fuerte y (opcional, yo no lo usé) Amaretto, un licor italiano de albaricoque y almendras que no es demasiado sencillo conseguir, al menos en un supermercado normal. 

Primero que nada preparamos el café. Un café normal, con la cafetera ya nos vale, pero recordad que debe ser bastante fuerte y que una vez preparado tenemos que dejarlo enfriar antes de usarlo. 

Separamos las claras de las yemas, descartando dos claras. ¡Truco! Si en vez de partir el huevo en dos y ponerte a pasar el contenido de una mitad a otra hasta que se separa todo, haces un agujero con el dedo en un lateral del huevo y lo vuelcas, la clara, como es menos densa, caerá por el hueco mientras que la yema se quedará dentro y además permanecerá entera. Una vez haya salido toda la clara, separas la cáscara y pones la yema en el otro recipiente. 

Cuando tengamos 2 claras en un recipiente y 4 yemas en el otro, empezaremos a preparar la crema de mascarpone. Vamos a ver, en casi todas las recetas que había leído siempre te decía que primero levantes las claras y luego te pongas con las yemas, pero en el libro del que saqué la receta dice (y con toda la razón del mundo), que si haces eso para cuando vuelvas con las claras, ya se te han bajado. Así que primero, mezclamos los 100 gramos de azúcar con las yemas y batimos hasta conseguir una masa suave. Ahora sí, con la batidora, batimos las claras hasta llevarlas a punto de nieve, y nada más tenerlas las añadimos a las yemas. Recordad que cualquier brizna de humedad que contacte con las claras, hará que no suban por mucho que batamos, así que ¡ojo! 

Batimos las yemas con el azúcar y las claras a punto de nieve y vamos a ir añadiendo poco a poco el mascarpone, sin dejar de batir, hasta haberlo echado todo y conseguir una crema suave, dulce pero con el característico sabor del queso, y perfectamente homogénea. Ahora viene el montaje del tiramisú. En la fuente que hayamos elegido, colocamos primero los bizcochos; antes de ponerlos en la fuente, mojamos cada bizcocho en el café y luego lo ponemos hasta cubrir todo el fondo de la fuente (a mí me hicieron falta 10). La parte opcional, es mezclar con el café el Amaretto y bañar los bizcochos en la mezcla. El tiramisú tradicional italiano lleva sí o sí el licor, pero yo voy a tomarme la licencia de excluirlo. Sobre los bizcochos colocamos una capa de más o menos 2 cm de espesor de la crema de mascarpone, y sobre ella rallamos chocolate negro hasta conseguir una capa de más o menos 1 cm de grosor. Colocamos encima una segunda tanda de bizcochos de lerma bañados en café y encima otra de crema de mascarpone. Finalizamos espolvoreando un poco de cacao en polvo y rallando un poquito más de chocolate negro sobre la crema. 

Lo único que le queda al tiramisú es estarse dos horitas reposando en la nevera antes de acabar en la tripa de alguien. ¡Ciao bellisimo! 

Filetes de merluza al vino blanco con salsa de vinagre balsámico

Aunque yo nunca he sido muy de pescado y normalmente lo evito, reconozco que de vez en cuando todos deberíamos comerlo, así que voy a dejaros aquí una receta que improvisé yo misma y que me gustó mucho como quedó, para los amantes del pescado y para los que como yo preferís un buen chuletón. 

No requiere muchos materiales, solo una bandeja resistente a horno donde poner el pescado. En cuanto a los ingredientes, antes de enumerarlos tengo que destacar que aunque por comodidad solemos usar siempre ingredientes congelados, es más sano y la comida está mucho más rica si los usamos frescos. Para dos personas necesitaremos 4 filetes de merluza (si están congelados no hace falta descongelarlos), 100 gramos de guisantes, media cebolla cortada en tacos bien pequeños, 50 gramos de pimentón dulce, sal, vino blanco dulce, una rama de romero, pimienta negra y crema de vinagre balsámico. 

Colocamos sobre la bandeja los cuatro filetes de merluza; espolvoreamos por encima con el pimentón, un poco de sal (al gusto) y de pimienta (al gusto de cada uno también, podéis incluso no ponerla). Añadimos un chorrito de vino blanco y dejamos que el pescado se empape durante media hora más o menos; mientras tanto vamos precalentando el horno a 200 grados. Una vez el pescado se ha embebido del vino y las especias, colocamos los guisantes y la cebolla en la bandeja, y en un lateral la rama de romero (dará aroma y sabor al pescado al cocerse en el horno). Metemos el pescado al horno en la rejilla central y bajamos la temperatura a 150ºC. 

Mientras el pescado se hace (tardará más o menos 15 minutos), ponemos en una sartén un chorro de crema de vinagre balsámico (crema, para esto el líquido no sirve), con un poco de sal y pimienta y calentamos un poco. 


Al sacar el pescado del horno debe estar un poco dorado y con la verdura bien cocida, el alcohol del vino se habrá evaporado y quedará el aroma y el sabor. Emplatamos el pescado con la salsa. Si vais a hacer esta receta por primera vez o la vais a hacer para alguien que no seáis vosotros mismos, os recomiendo colocar la salsa a parte, porque no a todo el mundo tiene por qué gustarle. Y ya está, una receta bastante corta y muy fácil de hacer. 





lunes, 16 de septiembre de 2013

El Hobbit: del libro a la película

El Diciembre pasado se estrenaba la primera parte del Hobbit, un viaje inesperado. 
El diciembre que viene se estrena la segunda. 
Cuando me enteré de que iba a salir la película del Hobbit me alegré mucho, pero una parte de mí se estremeció. Ya hace muchos años que me leí el libro y he leído mucho de lo que escribió Tolkien (El Señor de los Anillos, El Silmarillion, El Hobbit, Cuentos Inconclusos...), y aunque las adaptaciones que Peter Jackson hizo de la trilogía del Señor de los Anillos me gustaron mucho y me parecieron bastante fieles a los libros (sobre todo las versiones extendidas), siempre que sale una adaptación ya sea en serie o en película de un libro, me asusto, porque habitualmente no son muy fieles. Por ejemplo, aunque las películas me gustaron, como adaptación de los libros la saga de Harry Potter dejaba mucho que desear. 

Aún me escamé más cuando supe que iban a dividir la historia en tres películas. El Hobbit no es un libro corto, pero tampoco me parece lo suficientemente largo como hacer tres partes de él. 

Sin embargo, tengo que decir que tras ver la primera parte de la película me quedé muy impresionada. Buenos guiones, fantásticos efectos especiales y mucho respeto a la historia del libro. Sí, es cierto que Peter sacó algunas cosas de su propia cosecha, pero lo cierto es que no me pareció que desentonaran, más bien al contrario. El orco blanco, un personaje que no aparece en el libro, es profundo y con una buena historia de trasfondo, además de dar profundidad y nuevas motivaciones a los enanos. Para aquellos indignados que también se hayan leído el libro y que piensen que eso de inventarse personajes no tendría que haberlo hecho, pensad que el libro está escrito en un tono infantil, ya que al fin y al cabo así lo diseñó Tolkien. Si bien Peter podría haberse decantado por hacer la película en el mismo tono, seamos sinceros, hacerla en un tono más oscuro y similar al Señor de los Anillos, la hace más comercial y hará que guste a más gente. 

Otra parte que no estaba en la historia es la reunión en Rivendel de "los que mandan", es decir, Galadriel, Gandalf, Elrond y Saruman. Pero considero que también está bien hilado. No solo ha dejado entrever la futura maldad de Saruman, la futura corrupción, enlazando su cambio con el que se produce en la saga del Señor de los Anillos, si no que además ha introducido una conexión entre los acontecimientos del Hobbit y los acontecimientos de la trilogía, que va más allá de la insinuación que hace Tolkien en el libro y de la conexión del anillo. Esto permite seguir el hilo de la historia a la gente que no se ha leído los libros, y que por tanto no sabe nada de la historia de la Tierra Media, ni sabe conectar los acontecimientos del modo que lo hace una persona que sí se los ha leído. 

¿Detalles negativos que destacaría? Bueno, un par. Para empezar no habría quitado la escena de las águilas (me refiero a la escena completa, con el rey de las águilas que habla, que aparece en el libro). Un detalle simpático que para mí podrían haber introducido; no hablo del diálogo completo, pero tal vez algunos detalles de cierta importancia a mi parecer que no deberían haber quitado (no voy a desvelarlos, el que quiera saberlo deberá leerse el libro ;) ). Los gigantes de piedra, esa lucha tan épica que Peter retrató no es tal, en realidad en el libro están jugando, y creo que no había por qué hacer taaaaan estremecedora la escena. 

En el comienzo, cuando los enanos acuden a casa de Bilbo, la escena del libro es mucho más simpática, con la llegada escalonada de los enanos y la llegada de Thorin aplastado por el enano más gordo de todos. Yo tampoco la habría quitado. En definitiva mi mayor pega es que la película es demasiado seria. Le falta un toque de humor, en torno a la oscuridad de la trama que el libro sí tenía. Y poco más. Bueno destacaría que creo que se han pasado un poco reforzando los efectos de la cara de Golum, creo que ya estaba bastante bien hecho en la última película del Señor de los Anillos y que no le hacía falta "digievolucionar" más. 


Como siempre una BSO arrebatadora, con canciones sacadas del propio libro (aunque me gustaría que en la versión expandida hubieran grabado la canción completa de Misty mountains tal y como aparece en el libro), unos escenarios preciosos y muy conseguidos, y unos personajes profundos y bien caracterizados. Perfecto Martin Freeman en el papel de Bilbo (aunque de Whatson tampoco estaba nada mal!), y como siempre Ian McKellen soberbio de Gandalf. 


Aún sigo escamada por eso de las tres partes. He visto el trailer ya de la segunda, y aparece Bilbo con el dragón, así que no sé qué demonios van a meter en la tercera parte. Espero que Peter no se líe, y que sea fiel a Tolkien, porque para los que no lo sepan, es un gran fan, y El Hobbit fue la primera película que quería hacer, pero le aconsejaron que hiciera la trilogía del Señor de los Anillos primero, porque vendería más. 

Y nada más, recomiendo que si alguien no la ha visto la vea, y que vayáis a ver la segunda y la tercera partes. A los que hayáis leído los libros os digo que no seáis cerrados de mente, que una buena película se puede disfrutar intentando hacer las mínimas comparaciones con el libro, y que si los detalles importantes están bien, que aparezcan personajes "bonus", es un aditivo que hay que saber saborear. Espero que el experimento del señor Jackson salga bien, y que algún día se atreva con el Silmarillion (soñar es gratis), que tengo curiosidad por ver Valinor, y a Lúthien llevados a la gran pantalla. 

¡Namarië pequeños hobbits!

lunes, 9 de septiembre de 2013

Ensaladas variadas, no hay por qué comer sólo lechuga. Diez ideas para hacer de la ensalada un mundo.

La ensalada es un plato barato, rápido y sencillo. Pero aburre. Siempre lo mismo, lechuga, tomate, maíz... mucho verde y poca chica, sobre todo para los más "carnívoros" y para los niños. Pero no tiene por qué ser así. Aquí van diez ideas para convertir un plato tan sencillo en un verdadero manjar. 

Idea número 1: La salsa da ritmo. 

Hay varias salsas que pueden quedar genial en una ensalada. Aunque mi favorita es la crema de vinagre balsámico hay muchas más opciones. La salsa de miel y mostaza se vende en los supermercados, no es demasiado cara y un chorrito de su agridulce sabor, convierte una ensalada normal en un auténtico paraíso degustativo. 
Una idea que me enseñó una amiga, fue mezclar queso de cabra fundido con mermelada de fresa. Sí, suena raro, pero es delicioso. El queso de cabra caliente le da una textura única, enfrentada al frescor de la lechuga, y la mermelada un dulzor muy agradable. 
La salsa de ciruela es otra opción riquísima, aunque de temporada. Basta con comprar un par de ciruelas en el supermercado, que estén bien maduras. Les quitamos el hueso y las trituramos con una licuadora, una picadora de carne, una batidora normal, o con el tenedor simplemente; luego hervimos esa masa con un poco de agua y un poco de azúcar al gusto, y finalmente, cuando quede una masa espesa y de sabor dulzón, la colamos y nos quedará un líquido oscuro y dulce con el sabor de las ciruelas. Los guardamos y lo dejamos enfriar y lo servimos en frío sobre la ensalada ¡deliciosa!
La salsa rosa es tal vez una de las más sencillas, y también de las más ricas; solo con mezclar un poco de mayonesa y ketchup obtendremos resultados ¡increíbles!

Idea número 2: Lo tropical triunfa.

Piña, papaya, paraguaya, melocotón... trocitos de fruta tropical y ácida le darán un toque de color y sabor a la ensalada. Hay mucha gente reacia a poner fruta en las cosas como en la piña, pero yo le doy mi voto a favor. 

Idea número 3: Frutos secos, derechos a las caderas. 

Esta idea no es apta para personas a dieta. Los frutos secos, además de ser muy caloríficos, son deliciosos. Nueces, cacahuetes, almendras... son productos no excesivamente caros (1 kg de nueces puede salir por 4 euros), que podemos añadir a las ensaladas. En poca cantidad ya dan mucho sabor. Además de los frutos comprados de forma individual nos permiten un montón de opciones, ya que venden preparados hechos ya para ensaladas, frutos pelados, con cáscara, salados, al horno sin sal... Probadlos todos y quedaos con vuestro favorito ¡un mar de oportunidades!

Idea número 4: Los lácteos no son sólo para el desayuno. 

Obviamente no me refiero a echarle leche a la ensalada y comerla como unos cereales, pero el queso, el yogur, el kéfir... son opciones interesantes y llenas de sabor. Probadlo con queso de cabra o de oveja (para aquellos que les gusten los sabores fuertes), una crema de queso, queso fresco, ya sea en daditos, a tiras o derretido. Mezclar yogur muy ácido, como el griego original, o el de oveja ecológico, con miel o echarlo tal cual también es una excelente idea. El kéfir es un poco más amargo, así que no os recomiendo echarlo sin haberlo probado antes para aseguraros de que os gusta, y recordad que estoy hablando de kéfir de leche y no de kéfir de agua. 

Idea número 5: ¡Dale color!

Una ensalada no tiene por qué ser todo verde. Podemos sustituir la lechuga iceberg por escarola, o lechuga roja; añadir cebolla roja en vez de blanca, remolacha, tiras de zanahoria o zanahorias cortadas, espárragos, tomates cherry, maíz... Productos frescos y baratos que encontramos con facilidad en el súper o la verdulería de la esquina, y que nos alegrarán el día con colores muy vivos y sabrosos. ¡El plato tiene que entrar por los ojos antes que por la boca!

Idea número 6: Pasta o arroz, no van solo con queso. 

Añadir un poco de pasta o arroz fríos a la ensalada seguro que ya lo habéis hecho todos, pero por si acaso, lo pongo. Un consejo es cocer la pasta con mucha sal y especias como el romero o el orégano, que harán que la pasta tenga más sabor que aportarle a la ensalada que el de cereales cocidos. Si además usáis pasta de la de colores, conseguiréis que el plato sea aún más atractivo. 

Idea número 7: ¡Ah, el mar!

Para los amantes del marisco y el pescado también me he guardado algo en la manga. Las gambas peladas, o los palitos de cangrejo (surimi), atún, salmón ahumado cortado en tiras... son opciones un poco más caras, pero deliciosas, que nos traen ese aroma a salobre y esa memoria del azul. Probad a combinar surimi con piña y salsa rosa ¡impresionante!

Idea número 8: Para los más carnívoros

La ensalada ¡no solo tiene por qué llevar verde! Para los que como yo, os vaya la carne más que cualquier verdura, podéis poner tiras de pechuga de pollo a la plancha; tiras de lonchas de pavo; taquitos de jamón york o serrano... ¡las opciones son variadas! De hecho, la mejor ensalada que he probado jamás, llevaba lonchitas de pato a la plancha, aún calientes, con una salsa de ciruela. ¡Para chuparse los dedos!

Idea número 9: Japón en tu cocina

No, no busquéis el número del japonés. Hoy lo haréis vosotros. Buscad setas en el supermercado; podéis usar champiñones frescos, ya cortados, setas frescas (en valencia los clásicos rovellones), o setas deshidratadas. Los champiñones a la plancha, igual que las setas frescas, y las deshidratadas, sumergidas en agua para rehidratarlas y añadidas frías a la ensalada. Intentad combinarlas con una ensalada de escarola, con tiras de zanahoria y brotes de soja. Proteína vegetal de primera, y muy rica. 

Idea número 10: Las rosas son rojas, las violetas azules y... ¡todas ellas se comen!

Bueno no todas. Antes de meteros en la tripa alguna flor venenosa, mirad en internet cuáles se pueden comer, y cuáles no. Los petalos de rosa, y los de pensamiento, son algunos de los usados habitualmente en ensaladas. No son caros de conseguir, pero eso sí, aseguraos de lavar muy bien los pétalos antes de echarlos a la ensalada, para eliminar bichos y todo rastro de pesticidas o productos químicos. Si tenéis un jardín casero, será más sencillo que consigáis flores aptas para el consumo. Barato y bonito, aunque no mi favorito en relación al sabor. 

Y ya está. 10 ideas para darle sabor a este sencillo plato. ¡Cómo para quejarse! Me voy a cenar, que me ha entrado hambre.